Archivo de la etiqueta: diario de un suicidio

EL HOMBRE QUE ODIABA SONREIR

El apagón terminó pero la oficina seguía oscura. El hombre que odiaba sonreír buscaba con el tacto los papeles que dejó sobre su escritorio. Sin querer empuñó las manos de su nueva asistente, a la que nunca habló, se disculpó y calló. Las luces regresaron  y la mujer parada frente a él  sostenía los documentos, él la miró y sonrió escuetamente.

La asistente creyó que era la más hermosa sonrisa que había visto, él  ya lo sabía, se acomodó  tras su computadora e intentó seguir con su trabajo. Ella  se dispuso a devolver los documentos que aún sujetaba y otra vez quedaron a oscuras. El hombre que odiaba sonreír, rió sin saber por qué. Ella vio su sonrisa en la penumbra y se enamoró. Seguir leyendo EL HOMBRE QUE ODIABA SONREIR

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CULPABLE

Manchado con la sangre
lleva entre sus manos un cuchillo,
aún están las huellas
y para él todo es tan sencillo.

No es ira lo que siente,
es la culpa quien luce en sus ojos ,
es consciente de lo que hizo
y lava sus manos cual Poncio Pilato
para buscar otro culpable
y borrar la línea que el cruzó. Seguir leyendo CULPABLE

Capítulo IV: Hoja en Blanco

DOMINGO 06 DE DICIEMBRE DEL 2015

Olvidé, que hoy tenía planeado salir a correr con Joel y otros compañeros. Daríamos una vueltas alrededor del parque y luego, nos iríamos a jugar futbol en algún club.

A  las cinco y treinta de la mañana, me despertó el apabullante sonido del timbre de mi casa. Pensé que era el guardia  de la residencia. Siempre viene muy temprano los domingos por su cheque  semanal. Mi mamá es la tesorera de la junta de propietarios  y realiza ese tipo de pagos.  Oculté  mi cabeza debajo la almohada que me regaló Noelia, me retorcí entre los suaves edredones de algodón y me dispuse a seguir durmiendo.  Cerré los ojos y oí las voces  de Joel,  Manuel y Víctor llamándome a gritos. Creí que era un sueño, pero no. Eran reales y seguían vociferando insistentemente desde afuera. Intuí, luego
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Capítulo III: Inesperado Hallazgo

Sábado 05 de diciembre del 2015

Sonó el teléfono sobre el velador junto a mi cama. No quería contestar. Aún seguía durmiendo. Por fin había podido conciliar el sueño después de dos noches de insomnio, dos noches angustiantemente nostálgicas inundadas  de recuerdos.

– Hans contesta -. Gritó mi madre desde la cocina. Ya  eran casi las nueve de la mañana. ella, siempre se despierta temprano a  hacer mil y un cosas en la casa. Los sábados trabaja solo cuatro horas, por eso va más tarde. Extendí los brazos que me pesaban como si fuesen de plomo macizo. Cogí el teléfono con un ojo totalmente cerrado y el otro casi abierto, el mismo gesto que hacen los cazadores cuando apuntan a su presa o los francotiradores cuando localizan a su objetivo. Eso lo vi en la tele. Lo de los cazadores me contó mi papá, en un chiste de  muy mal gusto que no vale la pena mencionarlo ahora.

-Hola -.  Dije con la voz cansada, muy soñolienta. Si por el teléfono se transmitieran los olores fusionados con el sonido, al otro lado podrían haberse apartado del auricular al oler mi mal aliento de madrugada. Pensé en  lo bueno que resulta, que aún no se pueda  hacer ese tipo de cosas a través de las ondas electromagnéticas.
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Capítulo I: Solo Ella

LUNES 30 DE NOVIEMBRE DEL 2015.

Hoy no fue un mal día. No por eso dejé de pensar un solo minuto en ella, cómo no recordar su oscura cabellera jugando con el viento, sus ojos más negros que la noche mirándome feliz, cómo no recordar su sonrisa, esa sonrisa sanadora, capaz de hacerme sentir bien en cualquier momento. Cómo no recordarla es la pregunta que siempre me hago y no tengo una respuesta o si la tengo me da miedo  pronunciarla hasta en mis pensamientos.

Han pasado tres semanas desde aquella tarde. Aquella infeliz tarde que la vi por última vez, más de veinte días de haberla besado, sentido y amado. No quiero que el tiempo pase rápido. No quiero olvidarla, quiero seguir durmiendo, despertando, caminando, ríendo y llorando con sus recuerdos. Aunque   desde aquel día no sé cuáles  son mis verdaderos anhelos, de lo único estoy seguro es de querer  seguir amándola toda mi vida. Seguir leyendo Capítulo I: Solo Ella