ÚLTIMA VELADA

Una taza con alguna bebida caliente, fue lo único que pidió para continuar con su velada. Quería pasar su última noche de vida sin dormirse. Su obra  maestra estaba por  ser terminada, faltaban menos de doscientas palabras, un buen título y algunas correcciones.

Eran más de las diez y él tenía miedo. Su cuenta regresiva había empezado. Una mano delgada y deformada abrió la ventanilla de la oxidada puerta del calabozo y  le dejó una taza con café humeante  en el gélido piso.

Él recogió la taza, La palpó, la olió,  dio  un sorbo y siguió por sus entrañas, el recorrido del líquido caliente. Sorbió una vez más y regresó a escribir su obra maestra, en un  de hojas antiguas pegadas con un hilo blanco mal torcido.

Un par de sorbos más y el café disminuía proporcionalmente en cantidad y temperatura.  Pasó media hora, solo faltaba un párrafo. Menos de cincuenta palabras. La cabeza le dio vueltas. Las  manos le temblaron, la taza tambaleó y el café  cayó sobre el manuscrito que se convirtió en un charco oscuro.  Miró por última a la que iba a ser su mejor obra y se desplomó sobre ella para siempre.

Hernán Torres.

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