Capítulo IV: Hoja en Blanco

DOMINGO 06 DE DICIEMBRE DEL 2015

Olvidé, que hoy tenía planeado salir a correr con Joel y otros compañeros. Daríamos una vueltas alrededor del parque y luego, nos iríamos a jugar futbol en algún club.

A  las cinco y treinta de la mañana, me despertó el apabullante sonido del timbre de mi casa. Pensé que era el guardia  de la residencia. Siempre viene muy temprano los domingos por su cheque  semanal. Mi mamá es la tesorera de la junta de propietarios  y realiza ese tipo de pagos.  Oculté  mi cabeza debajo la almohada que me regaló Noelia, me retorcí entre los suaves edredones de algodón y me dispuse a seguir durmiendo.  Cerré los ojos y oí las voces  de Joel,  Manuel y Víctor llamándome a gritos. Creí que era un sueño, pero no. Eran reales y seguían vociferando insistentemente desde afuera. Intuí, luego

recordé porque estaban ahí, volví a retorcerme y me froté los ojos con ambas manos. Dejé la cama de un salto. Me vestí con la primera ropa deportiva que encontré y salí de prisa.

Siempre me encantó hacer ejercicios por las mañanas.  Ver a las calles vacías,  ver como las gotas de rocío huyen al día y  se unen a  las  nubes; Sentir la humedad del aire en la piel  y perderme en alguna melodía proveniente de  mis  audífonos. Todo era perfecto, porque ella estaba aquí.

Hoy, no tenía ninguna intención de salir a correr.  Me dolía la garganta, claro, un poco menos que el alma. Me sentía pésimo, incompleto lleno de dolor y vacío de todo. La extraño demasiado y trato de entender lo que intenta decirme ahora que ya no está.

Anoche, me quedé hasta tarde leyendo los últimos mensajes  y las últimas publicaciones de Noelia en el Facebook. Leí desde el primer mensaje que la envié dos semanas después de conocerla, hasta el último, un día antes de perderla. Exploré todas sus publicaciones y  cada una de sus fotos, en la mayor parte me tiene etiquetado.

Su foto de perfil,  es el  plano medio  de una fotografía que nos tomamos durante una fiesta costumbrista.  Ella lleva un sombrero marrón con rayas trasversales de colores fosforescentes y una lanuda capa roja, de la que cuelgan unos pompones multicolores que se unen a las trenzas postizas que caen sobre sus hombros. Yo, llevo un sombrero  similar al de ella, una bufanda como el arcoíris y un pañuelo blanco en una mano. Mis brazos rodean su hombro, su espalda siente mis latidos  y mis labios acarician su mejilla.  En el mural de su recama,  un  retrato igual a este es el que lleva grabado el mensaje que ayer descubrí. Revisé recelosamente, esta fotografía no tiene ninguna marca.

Ayer despegué esa foto del mural y la  puse en uno de mis  bolsillos, antes de que el señor Borni y su esposa entraran  a cerciorarse si me encontraba bien. Me hallaron sentado en el piso, ido, intentando  distinguir mi difuso reflejo en el espejo. Se sentaron a mis costados y  en menos de un minuto me alzaron  con sus brazos. Bajamos hasta el patio. Caminamos en  círculos envolventes y  luego nos sentamos a la sombra de un guayabo a conversar. A conversar de todo menos de Noelia. Hasta que mi mamá vino a recogerme a las cinco de la tarde.

Al despedirme los señores Borni me dijeron que no espere una invitación para ir a visitarlos. Les prometí regresar.  Lo pasé muy bien con ellos. Aunque, en la tarde estuve ensimismado  intentando descifrar, lo que intentaba decirme Noelia, a través sus mensajes. Me abrazaron fuerte y se quedaron mirando al horizonte,  en dirección a la autopista que me absorbía junto al sol. Pude verlos  a través del retrovisor del coche.

Anoche no hablé con mi psicólogo, está haciendo un trabajo  de campo, en un lugar que ni siquiera hay Internet. Quería hablar con él. Pensaba contarle lo de los mensajes y hacerle algunas preguntas, es muy bueno con las respuestas.  Siempre tiene una solución para todo.

Saludé a mis compañeros de deportes y sin decir nada empezamos a correr, estaban apurados, quizás pensaron que me habían esperado mucho. Corrí menos de diez minutos y me dio un calambre muy fuerte en el muslo izquierdo. No sé si por el frío de la mañana o porque ya perdí la costumbre de hacer deportes.  Es casi un mes que no he hecho nada más que comer,  ir al colegio y ocultarme entre las paredes de mi habitación. Me tendí en el piso, mientras mis ligamentos se empuñaban uno a uno.

Recuerdo que la última vez me pasó algo similar fue en la piscina de Noelia, mientras competíamos en nado libre. No pude ni siquiera gritar, me hundí al instante. Ella me llevaba un poco de ventaja, al ver que no la seguía regresó de inmediato. Me  jaló del cabello,  me impulsó con sus rodillas a la superficie y me sacó de la piscina entre sus brazos.

Flexioné varias veces las piernas hasta que el dolor cesó.

-Iremos despacio-  Joel extendió su brazo para agarrarme-. Seguiré tu ritmo-.  Los demás corrían como si nada hubiese pasado.

El mundo es muy pequeño o yo no me  entero de los planes de mis compañeros de aula. Luego de correr no fuimos a jugar futbol. Terminamos  nuestro recorrido en la playa. Ahí estaban casi todos haciendo deporte,  liderados por Dolores y Margarita. Siempre la que los persuadía a hacer cualquier cosa era Noelia. Pienso que ya la olvidaron. No entendía que hacían allí. Mis tres acompañantes de la pequeña olimpiada mañanera,  no se desanimaron de ir a jugar fútbol repentinamente como me hicieron creer. Esta “casualidad” había sido planeada con anticipación. Era una sorpresa preparada para mí. Y  Sí que lograron sorprenderme. Quise sonreír al verlos, pero me limité a saludarlos levantando la mano y arqueando las cejas.

-Chicos llegó Hans.- Dijo Margarita a la pequeña multitud-  qué bueno que hayas venido -. Se dirigió a mi.-  hoy será un día inolvidable, espero y lo digo en nombre de todos  que disfrutes de nuestra compañía.

Me pregunté desde cuándo mis compañeros me hacían sorpresas, desde cuándo se preocupaban por mí. Nunca creí, que les importaba tanto como para organizarme un picnic, de madrugada en la playa.

-Gracias por el recibimiento – voltee mi mirada hacia el mar -. Lograron sorprenderme, si ese es su objetivo, sí que lo lograron- no tenía ganas de seguir hablándoles.- Si no les importa , correré un rato más.- Dije sin ninguna pizca de alegría en mi voz.

Continué corriendo. Joel vino conmigo, él siempre me seguía. Los dos últimos meses nos hemos distanciado, porque él está intentando conquistar a Silvana, una alumna nueva de piel canela y ojos verdes. Y yo, estoy intentando adaptarme a  una vida sin Noelia.

– Las que propusieron esto fueron Margarita y Dolores,  todos las apoyamos. Queremos que otra vez te sientas en grupo, que te integres a nosotros.  Me  duele mucho verte a si por eso acepté- dijo Joel empuñando mi sudoroso hombro, sin dejar de correr.

– Solo quiero estar  solo.- Respondí jadeante .- no quiero formar parte de nada. No quiero ser un ermitaño pero me siento más cómodo así.- Y es cierto,no deseo formar  parte de un grupo en el que no hago más que recordarla.

Me dirigí  hasta un muelle que el mar había construido,  con  rocas enormes al extremo derecho de la playa. Me senté en la última piedra, en la que vaivén de las olas bañaba mis pies en armonía con el viento que levantaba mis cabellos. El sol  se alejaba lentamente, de la línea que une al cielo y al océano y se abría paso entre algunas nubes que intentaban opacarlo. Joel se sentó a mi lado. Nos quedamos  mirando la infinidad del horizonte.

– Para el sol cada amanecer es un nuevo día, cada tarde olvida lo que vio, lo que sintió y lo vivió y al otro día vuelve a brillar como siempre. Nada impide que sea el mismo después de cada ocaso.- comentó Joel.

–  Es muy fácil volver a nacer  siendo el sol, porque su destino ya está trazado.- Una ola helada me empapó hasta las rodillas.- El olvido no es una ley universal. El olvido es una convención de los que no han amado.- agregué con certeza.

– Te tienes que dar una nueva oportunidad la vida no ha terminado,- Joel sueña con ser psicólogo. Estoy convencido que esa es su vocación. – Esta es solo una prueba del universo para ver cuanta fuerza interior tienes.- Argumentó

– El universo desconoce muchas cosas, entre ella al amor toda la fortaleza de una persona está en él- estoy convencido de eso.-  de lo contrario no nos desequilibraría de esta forma.- agregué

– Sé que ha pasado muy poco tiempo y pedir que sus recuerdos no te duelan es como pedir que  el mar se vacíe en este instante, pero de a pocos amigo.- Se acercó y medio un abrazo, no lo hacía desde el funeral de Noelia. Desde la playa disimuladamente nuestros compañeros observaban nuestras siluetas.

– Estoy bien así.-correspondí el abrazo, un abrazo es siempre bienvenido.- Estoy muy bien, sus recuerdos son los únicos motivos por los que me despierto con vida cada mañana. –Afirmé, aunque eso no es del todo cierto.

Joel no respondió nada. Nos pusimos de pie y empezamos la ruta de regreso. Aunque no pensaba igual que él, sus palabras me hicieron sentir bien. Decidí,aceptar la jornada deportiva que organizaron en mí honor.

La sombra que proyectaba una loma a espaldas del círculo en él que todos  realizaban aeróbicos  en torno a Dolores, menguaba y los dejaba bajo el sol.

Dolores,  enseñaba  aeróbicos y pilates en  un  centro de rehabilitación. No por vocación. Hace unos meses la directora del colegio la sancionó con trabajo comunitario, por haber destruido dos tareas de Noelia.

Una mañana de julio, Dolores rompió y quemó los ensayos de poesía modernista y vanguardista que Noelia iba a presentar en Lengua y literatura. Pensó  que nadie la veía, y es cierto, nadie la vio. Excepto. una cámara  recién instalada en el aula. Ese día, Noelia lloró como nunca antes lo había hecho.

Al verme llegar dejaron lo que estaban haciendo y formaron un rueda, un poco más al fondo del lugar en el que se encontraban. Cada uno se acercó con un cooler pequeño,   de los que sacaron carnes, empanadas, tamales, postres, jugos y todo tipo de viandas, hasta formar un apetitoso bufet.

En el cooler de Joel,  alcancé ver una botella de whisky, escondida entre las envolturas de los  jugos que llevó. Ladeé   la cabeza. Lo último que deseaba hacer, era emborracharme.

Yo, era el invitado así que estaba al centro. A mi  flanco derecho se sentó Joel con su nueva conquista. Silvana ya cayó en sus garras, se le nota en la mirada. Joel es del tipo de amigos que encuentran al amor de su vida al menos diez veces al año. Espero que esta relación dure más que las anteriores que han sido un fracaso absoluto. Él dice que no puede evitar su  “coquetería innata”.

A mi lado derecho se sentó Margarita, con su mirada puesta en los ojos de todos, segundada de su ahora infaltable amiga Dolores.

Al comer me sentía raro, sabía que no quería pertenecer a ese grupo ni comer un banquete sin ella, era como estar faltándole en algo que no se explicar.  Sentía como si me hubiese ido a divertirme  a escondidas, sin pedirle permiso. Tampoco tenía hambre.  No sé si porque ayer comí mucho en la casa de los papás de Noelia, o porque era muy temprano  o quizás porque no me gusta la compasión forzada de mis “amigos”.

El sol en un santiamén nos cubrió con su brillo.  Eran menos de las ocho pero ya se sentía sus fuertes rayos sobre nuestros hombros.

Terminamos de comer y Claudia, una morenita de nariz puntiaguda, muy simpática (siempre nos cayó bien a Noelia y a mi),  propuso que jugáramos verdad o reto. Todos aceptaron sin ningún problema. Accedí con la condición de que no se formulen preguntas personales.

Alguien sacó una botella de refresco a medio  llenar del fondo de un cooler, tendieron una toalla en la arena movediza y empezaron a girarla. Pasamos cuarenta  minutos entre  preguntas y retos sumamente fáciles.

Las preguntas empezaron a subirse de tono, cuando el whisky de Joel salió de su escondite  acompañado por otros licores. Me negué a beber por más de veinte minutos, a pesar de la insistencia del gentío.

Con  las manos entrelazadas apoyadas sobre mis rodillas escuchaba y veía como se desarrollaban las  interrogantes y desafíos que el juego suponía.

De repente el frasco dejó de girar perezosamente  y se  detuvo frente a Claudia y a mí.  Quien  impuso el reto fui yo. Propuse que dejaran de tomar. Todos protestaron. Nadie aceptó, argumentando que mi castigo debería afectar  solamente a la persona que perdió.

No tuve otra opción  que  enviarla a darse un chapuzón y que luego se ensucie con arena. Fue lo primero que se me ocurrió. Lo de hacer preguntas no es lo mío.

Diez minutos después mis compañeros estaban verdaderamente mareados, los retos ascendieron un nivel,  ahora no se limitaban  a ver u oír, querían sentir y tocar. Pasaron a los besos franceses  y al manoseo  de otros lugares. No acostumbran tomar mucho, pero cuando lo hacen pierden el control fácilmente, quise salirme del juego  pero no me dejaron.

Joel giró la botella, que por segunda trazó una línea imaginaria entre Claudia y yo. Esta vez perdí.  Ella sonrió con picardía. Limpió la arena que aún quedaba en sus hombros y miró a todos lados. Abrió la boca, para imponerme un reto, muy parecido a los que estaban haciendo ellos,lo pensó mejor y  la cerró de inmediato. Luego de un breve silencio  llenó un vaso con whisky y me obligó a tomarlo.

No me  gustan los licores. Noelia y yo siempre odiamos al alcohol. Cerré los ojos y tragué la bebida  de un sorbo. Creí que mi garganta iba a desgarrarse.  Cuando cesó el fuego que dejó el licor en su camino,  abrí los ojos y me sentí aliviado. Noelia hubiese reído viendo mi cara llena de muecas.

Después de cinco minutos ya había perdido  cuatro veces consecutivas y bebido cuatro  vasos más. Quise   que Noelia esté ahí para cuidarme. Me sentía muy mareado.

El juego se calmó, el interés en el contacto físico fue desplazado por la curiosidad y empezaron   con las confesiones.  La primera en perder fue Margarita.

Margarita recogió el brazo que tenía en la espalda de Dolores y esbozó una sonrisa torcida.

-Margarita… cu…cuentanos un sec…creto, tu…yo sol…lo t…uyo y nad…a más que tuyo-Dijo Jorge desde el otro lado, articulando parcamente las palabras.

Margarita intercambió con  Dolores una mirada cómplice. Se mordió los labios, aspiró una bocanada de aire, tragó saliva ásperamente  y habló

– Ya estamos a un paso de terminar el colegio.- Hizo una pausa.-  A mucho de ustedes los considero mis amigos- Se dirigió a mí- Incluyéndote Hans.- afirmó y continuó- Ustedes siempre han sabido algo de mí, lo sé aunque nunca me lo dijeron.- juntó sus manos sobre su pecho.-  No entraré en detalles.- Otra vez tragó saliva.-  solo hablaré lo que pienso que me hará sentir mejor.- Miró al cielo, se apretó los labios y respiró hondo.-  Quise mucho a Noelia, la quise mucho, mucho.- Posó su mirada sobre mis rodillas.-  Más que a una amiga.- Se le quebró la voz.- Siempre estuve enamorada de ella.- Dos lágrimas rodaron por su rostro.- El o2 de septiembre no pude aguantarlo y se lo dije.- Todos la escuchaban  atentamente.- Le dije que la amaba.- Me miró a los ojos .- pero ella, estaba profundamente enamorada de ti, solo… la robé un beso.-Sonrió contenta y finalizó acobijada en los hombros de Dolores.

Noelia, nunca me contó que Margarita estaba enamorada de ella. Nunca   me lo mencionó. Entre nosotros no había secretos. Yo, siempre le conté cuando Dolores me acosaba.

Las lágrimas empezaron a brotarme, no sé si por efecto del alcohol o porque de verdad me sentía muy frustrado.

El silencio luego de la confesión de Margarita, fue  interrumpido por el sonido de la botella que continuaba en el ruedo.

Me incorporé disimuladamente, aprovechando el atolondramiento colectivo que causó Margarita. Me dirigí al mar,  a sortear los motivos por los que Noelia,  no me contó la confesión de su mejor amiga.

Noelia  sabía que yo no me molestaría, sabía que no lo haría. Siempre me contó las cosas que Margarita le decía o lo que hacían cuando salían. No me gustan los secretos por más pequeños que sean, ella lo supo siempre.

El viento traía consigo las confesiones del grupo. Para evadir sus revelaciones, caminé hasta un montículo de piedras, en un extremo de la playa y me senté en  ellas.  Frente a mí, la cresta de una roca aparecía de vez en cuando, esquivando mi vaga puntería.

Escuché que alguien se acercaba por mi espalda. Pensé que era Joel. Pero no. Era Margarita intentando mantener el equilibrio entre  las rocas  inestables. Se sentó a mi lado sin decir nada. Yo tampoco, dije nada.  Me acompañó en mi afán de alcanzar a la a la cresta lítica. Sonreí al ver que sus piedras caían  a menos de la mitad del recorrido de las mías.

En menos de dos minutos, Margarita dejó de apedrear  al bamboleo las olas y revisó algo bajo su blusa. La vi de reojo sin querer hacerlo. Pensé que se desprendía de la arena que la estaba incomodando.

– Es de ella – Margarita entendió su mano con un sobre blanco.- lo dejó en el bolsillo de un abrigo que me regalo hace poco.- Tomé el sobre, Margarita continúo hablando.- No supe  que hacer, si entregarte o no.- El sobre tenía impreso mi nombre  en su reverso.- No supe cuál sería  el momento adecuado, o no tuve la valentía para entregártelo, quizás  me esté precipitando o es el alcohol que me hace entregarte ahora, pero eso es para ti.- Terminó de hablar, me apretó el hombro y se alejó de la misma forma en que había llegado.

Una parte de mi no quería saber lo que había en ese sobre y otra parte se moría por abrirlo, por ver su caligrafía, sentir su perfume o quizás palpar la huella de sus lágrimas. Quería encontrar las respuestas de las preguntas que me estoy empezando hacer. Quería saber que señal me estaba enviando.

Rasgué el extremo del sobre con desesperación. Introduje mis dedos por la abertura. Mis dedos, se tocaron entre ellos y no palparon nada más que aire. El sobre estaba vacío, no había respuestas, ni aromas, ni nada que tocar, ni nada que entender. Lo sacudí con fuerza  para que caiga algo, no cayó nada. Era un sobre en blanco, sin nada. Pensé que era una broma de Margarita en confabulación con Dolores o con todos para hacerme sentir peor.
Era ilógico que Noelia entregue  a  Margarita un mensaje póstumo . Tiré el sobre a un costado. Cayó de pie con el extremo abierto frente a mis ojos.  Miré su interior, en él había una pequeña sombra cuadrada.
Tomé el sobre y lo rompí por todos sus lados. En la parte inferior tenía doble capa y  en el centro de ella había una  postal, similar a las anteriores pero con una sola esquina.
La postal dice ” volaré en el aire”. Tiene una dirección en su pie de página con letras mas pequeñas.
Ellos seguían tomando, ni notaron cuando me fui de la playa.
Hoy  fue un día  horrible.

 

 

 

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